¿Los genes afectan tus gustos?

 

Todas las personas que conocemos poseen gustos diferentes cuando hablamos de comida. Algunos favorecen el picante, otros no tanto. Hay personas que pueden devorar dulces, golosinas y demás alimentos dulces en un santiamén, mientras que otras personas sienten náusea con la imagen de un pastel de cuatro chocolates. La lista sigue y sigue, pero además de tener ciertos “gustos”; ¿existen otros factores en juego?

No es una sorpresa que términos como “gusto adquirido” se convirtieran en referentes del lenguaje utilizado en nutrición ya que se refieren precisamente al hecho de que lo que funciona para algunos, no necesariamente funciona para otros.

El gusto puede desarrollarse con el paso del tiempo. Posiblemente cuando eras niño no tolerabas ciertos alimentos y al crecer empezaste a desarrollar cierto gusto por ellos. Esto se debe a la capacidad de adaptación que tenemos los humanos, sin embargo, existen algunos hábitos alimenticios, relacionados con rasgos inherentes, que se mantienen durante toda la vida de una persona.

¿Podrían ser tus genes los que deciden?

La genética es un campo floreciente, que ha crecido a un ritmo importante desde que iniciativas como el Proyecto del Genoma Humano se completaron. Actualmente tenemos más información y conocimiento de nosotros mismos que nunca, por lo que somos capaces de descubrir más sobre los rasgos que hacen a cada humano único.

Un artículo en The Smithsonian menciona que todo esto comenzó científicamente en 1931, cuando el químico Arthur Fox estaba trabajando con PTC, un compuesto orgánico que puede sentirse con un gusto muy amargo o ser virtualmente sinsabor, en polvo y al soltar un poco en el aire uno de sus colegas le comentó de su sabor amargo mientras que él no percibió sabor alguno.

 

Este fue el punto en el que genetistas decidieron investigar este “gen PTC” y descubrieron que depende del gen TAS2R38, que influye sobre los receptores de sabor en la lengua. Debido a que es genético, el gusto es inherente y se basa en la combinación de alelos.

A medida que el campo crece, se vuelve notorio que no es tan sencillo, ya que los humanos tenemos aproximadamente 30 genes en nuestro código para los receptores de sabor. Cada receptor interactúa con diferentes compuestos, permitiendo que percibamos una amplia variedad de sabores.

Un estudio realizado por Kings College en Londres fue más lejos, comparando las preferencias de gemelos idénticos con las de otros gemelos. Los hallazgos en esa y otras investigaciones similares, “indica que la genética juega un papel moderado en el desarrollo de preferencias alimenticias. Es posible que los genes involucrados con el gusto, o los químicos liberados por el cuerpo como respuesta a ciertos alimentos influyan”. Así que no solo son factores externos, sino genéticos también, lo que le da una nueva importancia al campo emergente de la epigenética.

Lo que sabemos, y es la base para abrir las puertas de nuevos descubrimientos, es que los genes juegan un rol en los gustos y preferencias. Cuando se combinan con ciertos factores externos, eventualmente conocemos lo que nos gusta, y lo que nos funciona o no a nivel individual, lo que nos lleva a nuestros gustos actuales.


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